viernes, 28 de enero de 2011
jueves, 20 de enero de 2011
domingo, 9 de enero de 2011
miércoles, 5 de enero de 2011
sábado, 2 de octubre de 2010
Gracias!

Hoy hace una semana que nuestra amiga M.E.R.I. (pondré su nombre en plan siglas para guardar el anonimato, ji, ji, ji) nos obsequió con una fantástica cena para celebrar sus muy bien llevados 30 añitos. Haciendo de gran anfitriona, nos vino a buscar al tren con la mejor de sus sonrisas y la ilusión del que ha preparado esa noche con gran cariño. En el trayecto fuimos todos hablando con la alegría de los amigos que se quieren y tienen ganas de disfrutar de su compañía. Cuando llegamos al banquete, la mesa estaba perfectamente puesta sin faltar ni un detalle, el mantel negro y blanco (que tanto me gusta) hacía de base perfecta para tan espléndido ágape. Comida de muchos colores esperaba a ser degustada, hecha con cariño y con materias primas de primerísima calidad originarias de las tierras del Maresme. Las risas y el amor por nuestra amiga (una de las personas más buenas y con uno de los corazones más nobles que he conocido) hicieron que la velada pasase en un suspiro. Me hice mucha ilusión compartir con ella esa noche, como todos las que hemos vivido juntas.
A ti, dulce Meri, va dedicado este "kit fiesta mariposa". Gracias!
martes, 21 de septiembre de 2010
domingo, 19 de septiembre de 2010
jueves, 2 de septiembre de 2010
miércoles, 25 de agosto de 2010
jueves, 29 de julio de 2010
viernes, 16 de julio de 2010
Mil máquinas jamás podrán construir una flor (ni una mariposa, tampoco)
domingo, 27 de junio de 2010
miércoles, 9 de junio de 2010
martes, 8 de junio de 2010
lunes, 7 de junio de 2010
domingo, 6 de junio de 2010
miércoles, 7 de abril de 2010
martes, 23 de marzo de 2010
Capítulo 7: La mariposa y su acantilado

Hoy ha sido uno de esos días en las que me hubiera gustado que donde acaba Barcelona hubiera un acantilado. Lo hubiera subido con rabia y enfado y una vez en el filo hubiera cogido aire y con todas mis fuerzas hubiera gritado: Me cago en el mundooooooooooooooooooooo! (menos en mi familia más cercana, en mis amig@s y en l@s lector@s de este blog claro).
Sé que si esta ensoñación fuera real poco hubieran cambiado las circunstancias de mi agobio pero al menos me desfogaría que nos es poco. Y es que a veces, aunque nada se arregle por ello, todos tenemos derecho a patalear por las injusticias de la vida y sacar por algún lado la impotencia que nos invade. Ésa es una de las cosas que más hecho de menos de ser niñ@, cuando podías tener una berrinche y llorar durante rato sin tener que dar explicación alguna del porqué. Pero ya sabréis por mi primer post que he llegado a los 30 así que de momento, como vía de escape, seguiré apretando mi bolita antistress que curiosamente tiene forma de mundo...
domingo, 7 de marzo de 2010
Capítulo 6: Los domingos por la tarde

Tod@s alguna vez cuando buscamos un día para tomar un café con una amig@ hemos dicho eso de: ¿por qué no quedamos el domingo por la tarde que total nunca se hace nada?. Y es una gran verdad. Los domingos por la tarde el tiempo se vuelve raro. Es como si la sombra alargada del lunes lo cubriese todo de vagancia. Esto se agrava en invierno cuando levantarse del sofá es un esfuerzo sobrehumano y la pereza hace que acabes viendo 3 telefilms de esos de llorar dónde milagrosamente todo acaba bien en los últimos minutos. Otra cosa que se acostumbra a hacer es cocinar algún tipo de postre, si es experimental mejor. Las manualidades también son amigas de los domingos tarde, yo coso (bueno, lo intento) y hago collares. Cuando estos domingos se vuelven especialmente soporíferos puedes acabar cortándote el flequillo copiando un modelo de internet (hecho del cual casi seguro te arrepentirás al día siguiente).
En fin, que los domingos por la tarde pueden ser un filón para desarrollar hobbies o para hacer una tesis sobre la estructura de los dramas de sobremesa basados en hechos reales.
¿Y vosotr@s, qué hacéis los domingos por la tarde?
martes, 23 de febrero de 2010
Capítulo 5: La oficina, dos cositas

Yo nunca había trabajado en una oficina hasta hace 3 años.
El mundo de la oficina da mucho de sí y si lo ves como un hábitat hostil como me pasa a mí o no acabas de encajar como también me ocurre, pues más de sí da todavía.
Al principio de trabajar en una oficina, fueron 2 cosas las que me llamaron mucho la atención. La primera: que se enviaran mails para todo. Aunque tuvieras a tu compañer@ a menos de un metro, había que dejar constancia electrónica de cualquier tipo de memez (toner comprado, piscolabis en la mesa de al lado, nos reunimos a las 10, mejor nos reunimos a las 12...). "Por si acaso" decían mis compañeras veteranas, "todo tiene que quedar por escrito". Yo siempre pensé, ¿por si acaso qué?, ¿por si acaso tengo un ataque de amnesia?, ¿por si acaso hay una ataque nuclear y se nos funde a todos el cerebro? En fin, siempre me pareció una chorrada hasta que me metí de lleno en el mundo de la oficina, el cual puede ser como un reencuentro de ex-compañer@s de colegio: muy duro. Y ya sabéis: donde dije dijo digo diego...y llegan los problemas. Al final yo también envío mails hasta para comentar que voy al baño...y sin vergüenza confieso que formo parte de "Oficinistas Anónimos": HOLA, SOY MARIPOSA GUERRERA Y YO TAMBIÉN HE CAÍDO EN LA SECTA DEL MAIL ABSURDO DE OFICINA.
La otra cosa que me llamó sobremanera la atención, y a la cual también he sucumbido, son los puntos suspensivos. En el mundo del mail de oficina, si quieres contestar diplomáticamente sin mojarte has de poner puntos suspensivos. Veamos los ejemplos prácticos:
Mail 1: ¿Puedo cogerme el próximo lunes de fiesta?
Respuesta al mail 1: Veremos...
Mail 2: ¿Se va a confirmar el pedido de ositos de peluche?
Respuesta la mail 2: Probablemente...
Y así todo el rato...
Si es que la oficina puede ser una jungla...
llena de peligros...
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